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Rafael Doctor: “El arte también es responsable de transmitir injusticias”

El flamante director del CAF Centro Andaluz de la Fotografía es una referencia ineludible del arte contemporáneo en España gracias a su brillante gestión al frente del Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC) entre 2002 y 2009. En el ámbito de la fotografía es además un consumado experto, un teórico con obra publicada y un notable coleccionista. Manchego de 50 años, fue un joven prodigio de la gestión cultural que hoy reivindica la calma y los proyectos a pequeña escala. Destacado activista por la causa del animalismo, cuestiona incluso el derecho de las personas a tener mascotas. Sabe que su discurso es provocador y está acostumbrado a defender con pasión sus propias contradicciones. Por algo escogió como hábitat profesional y vital un mundo, el del arte, “donde nadie está en posesión de la verdad”. Charlamos con Rafael Doctor unos días antes de que se divulgara su nombre como ganador del concurso para la dirección del CAF.

¿Qué has estado haciendo desde que dejaste el MUSAC?

He estado los seis últimos años desligado de las instituciones y trabajando de forma independiente en distintos frentes, el más significativo en los dos últimos años es mi compromiso con la causa animalista. También he puesto en marcha una editorial con un funcionamiento inédito que consiste en buscar a las personas interesadas en un libro antes de publicarlo. Somos un club llamado los Doscientos. Hemos tenido ya dos temporadas con cuatro libros cada una, pero nuestra visibilidad es muy limitada. He creado en Santiago de Compostela los Encontros de Artistas Novos, que ya han alcanzado seis ediciones y se han expandido a Argentina y a Uruguay… y mil cosas más, como la edición del único manual que hay sobre arte español contemporáneo reciente.

En cuanto a la editorial Los Doscientos ¿has intentado a propósito mantener este proyecto alejado de los focos?

Es un club cerrado que solo se abre cuando termina una edición y alguien se descuelga y entra otra persona. Yo creo en los proyectos que no tienen por qué crecer, los proyectos que se mantienen por si solos. Para mi es parte de una reflexión más amplia sobre la necesidad del decrecimiento en el mundo contemporáneo. Con la editorial propongo una forma de coleccionar arte con muy pocos medios: los socios pueden comprar obras por el 5% del valor que tendrían en una galería. En los libros mezclo la historia de la fotografía con obras de artistas contemporáneos como Jorge Galindo, Julio Falagán, Santiago Ydañez, Aitor Saraiba, Cristina de Middel o Enrique Marty.

Como experto en la materia, ¿crees que la fotografía está bien representada a nivel institucional?

No lo está como especialidad en casi ningún lugar: aparte del CAF de Almería y de la Universidad de Navarra solo hay algunas islas de interés como PhotoEspaña y otros festivales diseminados por varias ciudades. Yo he estado dos veces embarcado en la gestación de un museo grande dedicado a la fotografía y en los dos casos el proyecto ha fracasado por cambios políticos y circunstancias así. Sin embargo, si es verdad que por otra parte la fotografía está bien representada en la práctica artística contemporánea, aunque a mí la fotografía que más me interesa a nivel personal no es tanto la fotografía creativa propiamente dicha, con la que por otra parte no dejo trabajar y adoro, sino la fotografía con un arraigo social que yo considero la base de la verdadera historia de la fotografía.

A documentar esa evolución has dedicado tu colección personal, que tiene ya una dimensión considerable.

Una de las cosas a la que más tiempo he dedicado estos últimos años es mi colección, llevo treinta años coleccionando y tengo decenas de miles de fotos, desde la obra experimental de los padres de la fotografía hasta los años 80 del siglo pasado, cajas y cajas llenas de fotos de todo tipo. Me interesa la reflexión social implícita en la fotografía y vinculada a lo físico. Yo leo libros, escucho vinilos y me gusta que las cosas estén ancladas a lo material. Para mí la foto es papel esencialmente. No desprecio lo digital pero no soy capaz de vibrar emocionalmente de la misma forma ante una imagen en otro tipo de soporte. Uno de mis sueños es escribir una historia social de la fotografía a partir de los capítulos que he ido configurando en mi propia colección.

En 2016 organizas en Madrid ‘Capital Animal’, la primera movilización del mundo de la cultura a favor de la causa animalista, y conseguís hacer mucho ruido.

Es un proyecto que partiendo de nada ha llegado muy lejos. Hemos unido al mundo de la cultura en torno a una lucha activa que ya estaba en la calle. La respuesta ha sido excelente, tanto que nos han señalado como enemigos precisamente aquellos a quienes aspirábamos a molestar. Fue un trabajo muy duro que realizamos desde el puro activismo: organizamos cinco grandes exposiciones, talleres, seminarios, conciertos y una conferencia del premio Nobel Coetzee, el gran baluarte del animalismo mundial.

Estáis empezando a conseguir victorias políticas, al menos en el ámbito de decisión municipal.

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ha retirado las ayudas públicas a las escuelas de tauromaquia, ha suprimido los animales de la cabalgata de Reyes y ha puesto en marcha una normativa para eliminar los circos con animales. La capital se une así a una lista de más de 300 ciudades y pueblos de España que han acordado ya la prohibición de estos espectáculos. Nosotros reivindicamos además que los poderes públicos atiendan el clamor de la mayoría ciudadana que según todas las encuestas rechaza la tauromaquia en todas sus formas. Sobe todo entre la gente menor de 25 años hay un rechazo frontal. Las leyes están por detrás de lo que sentimos la mayoría en el presente. ¿Cómo puedes explicar a alguien que la tortura y muerte de otro ser es el epicentro de una fiesta?

¿Crees que es cuestión de tiempo que dejen de celebrarse corridas de toros?

No comparto esa posición de dejar pasar el tiempo, para mi es una cuestión de posicionamiento urgente. Por supuesto que a la tauromaquia la va a destrozar el tiempo, por una cuestión de acceso a la información, pero a mí no me basta. Hay que dejar claro ya que detrás de toda esta gente no hay arte, sino nada más que negocio. En 2014 la tauromaquia recibió 629 millones de euros en subvenciones sumando a las diferentes administraciones públicas. Es muchísimo más de lo que recibe el cine, el teatro, el arte…

¿La causa animalista va a seguir presente en tus futuros proyectos??

El animalismo es una causa para toda la vida. Mi proceso hasta tomar conciencia ha sido muy largo y lamento que no ocurriera antes. El punto de inflexión fue una mirada de Lucas, el perro de mi madre, mientras jugaba con él. Nos miramos a los ojos y me resultó de repente completamente ridículo que yo tuviera que alimentarme de animales pudiendo alimentarme de otra manera. Soy vegano y lo considero una cuestión incluso espiritual, de sentimiento interno conmigo y con el mundo. Yo mantengo siempre una postura clara en este punto pero entiendo que no todo el mundo, ni mucho menos, piensa o actúa como yo.

¿Crees que esa evolución espiritual está al alcance de todo el mundo?

Totalmente. Es una ideología, igual que la del carnismo, es decir, la cultura del consumo de carne, que es además una ideología hegemónica, y que actúa como una dictadura transparente que no se percibe. Se entiende como la normalidad pero no tiene por qué serlo. Nos dicen que somos carnívoros, nos educan con ello, y sin embargo nuestro organismo nos dice otras cosas. Está más que demostrado que el consumo de carne tiene la culpa del cambio climático y del 70% de los cánceres del mundo. Por cada hectárea que necesita un vegano para alimentarse, un carnívoro necesita cuatro.

¿Y el arte? ¿No nos sitúa en algún lugar por encima de los animales?

Pero el arte, ¿es una parte positiva o negativa del ser humano? El arte es también el residuo de cada una de las etapas de la historia de la humanidad, y por tanto va asentando unos principios, un legado de injusticia. Cuando vemos una pirámide no pensamos en los miles de personas que murieron para levantar ese monumento de piedra. A mí las pirámides no me dan oxígeno ni luz que es lo que yo necesito para vivir. El arte es el eslabón bonito de una cadena de injusticia.

¿Has llegado a un punto en el que lo cuestionas todo?

Cuestiono sobre todo lo que conozco bien, porque hay que desaprender muchas cosas. Yo he vivido de forma muy intensa en los circuitos convencionales del arte y cuando te mueves por las grandes ferias internacionales ves lo peor de la humanidad concentrado en torno a la banalidad y a la mentira. Es un entorno de competitividad absurda donde la idea del arte no existe ni siquiera a nivel de experiencia mínima. Las ferias de arte son atroces si las observas detenidamente, aunque sean necesarias. También deberíamos empezar a asumir que no todo el arte está en las ferias, y dejar de exigir que las ferias sean otra cosa que un encuentro comercial. En España, además, al no tener grandes bienales ni nada similar, consumimos ARCO de una manera que no es la propia de un espacio puramente comercial y le exigimos, a veces injustamente, algo que no le corresponde. En esto los medios han fomentado una gran confusión. La gente en la calle no te sabe decir el nombre de un solo artista contemporáneo, pero sí te sabe decir el nombre de la feria, y esto es así desde hace más de treinta años ya. Algo estamos haciendo mal.