English

Español

Envío gratuito en toda la península

International shipping available

Envíos a península gratuitos a partir de 60€ | garantía pelotari project
pelotari project warranty

Maite Ruiz de Larramendi, campeona y olvidada

Ocurrió hace más de un siglo a escasos quinientos metros de la Puerta del Sol. En 1917, en la calle Cedaceros, empezó a funcionar el Frontón Madrid, la instalación deportiva que llegó a conocerse como la catedral de la raqueta. El 4 de enero de aquel año, varias mujeres raquetistas salieron a la pista vestidas de blanco y con su falda plisada. Estamos en el primer frontón comercial “para señoritas”. Estas deportistas profesionales fueron pioneras en la emancipación de la mujer en el trabajo, se batían duro sobre la cancha para ganar un dinero. Los hombres apostaban y la afición por los partidos femeninos se extendió rápidamente por España y algunos países al otro lado del Atlántico.

El siglo XX también ha sido como una apisonadora para las raquetistas. La llegada del fútbol como evento deportivo para las masas las dejó en el olvido, como a tantas otras deportistas. Lo más triste es que hoy en día seguimos sin reconocer el mérito y la valía de muchas mujeres que no tienen sueldos astronómicos, no salen en la tele y no venden miles de camisetas. El último caso lo hemos conocido estos días.

Se llama Maite Ruiz de Larramendi. Es pelotari, navarra y tiene 44 años. Ha conseguido siete medallas en los siete Mundiales en los que ha competido. Lleva un cuarto de siglo subiendo al podio pero apenas unos cuantos la conocen. Si hace cien años eran muchas las mujeres que jugaban a pelota, en la actualidad son muy pocas las pelotaris. Los hombres lo copan todo. Son los que acuden a los frontones, los que se dejan la pasta en las apuestas, los que controlan el negocio. A pesar de sus numerosos triunfos, Maite no ha dejado de ser amateur. Le hubiera gustado dedicarse profesionalmente pero ha sido imposible. En un partido de exhibición puede cobrar 100 euros mientras que un hombre ya retirado multiplica por diez esa cifra; y si gana un torneo, los únicos premios son la copa y la txapela. “Hace cinco años la Federación nos dio 9 euros a todas las que llegamos a las semifinales del Campeonato de España. ¿Qué pago yo con eso, el hotel?”, comentaba el otro día en el diario El País.

En el País Vasco y Navarra los niños se mueven entre las dos paredes casi desde que nacen. Niños y niñas comparten el juego de pelota. Ruiz de Larramendi era una de esas chavalas que llevaba la pelota en la mano. Cuando acudió a su primer Mundial, con 19 años, logró el bronce. Y a partir de ese momento ha llenado su casa de trofeos, primero jugando a mano y luego con pala. Hace pocas semanas fue preseleccionada para el Mundial 2018 de Barcelona pero Maite dijo que no, renunció al Mundial y anunció su retirada. No estaba de acuerdo con la lista de convocadas. Es lo de menos. Lo triste es que durante más de veinte años muy pocos han sabido en España que teníamos una súper campeona luchando en la pista. Ella no pierde la sonrisa, con su trabajo en un hospital de Pamplona ha vivido, y con su brazo ha disfrutado cada fin de semana en el frontón. Hemos conocido su nombre y su historia cuando abandona el juego. Enhorabuena, aunque sea tarde.

Texto: Urko Rodríguez